Como director y fundador de la Colegiata Marsilio Ficino y de la revista Symbolos y su anillo telemático, quiero presentar este nuestro blog oficial de la Colegiata, que esperamos sea ágil y dinámico pese a la profundidad del pensamiento que le es inherente. Lo hacemos también con el Teatro de la Memoria, una nueva manera de percibir lo ilusorio y la ficción que uno puede vivir trabajando en el laboratorio de su alma e intelecto, lo cual es una novedad ya presentida en el tratamiento de la cosmovisión y su representación teatral. Por lo que deseo a esta forma de expresión del Arte –que sin embargo tiene precedentes ilustres– la mejor de las andaduras y el mayor éxito.
Federico González

viernes, 27 de junio de 2014

Ensayando En el Tren


A punto de ser estrenada la nueva obra de teatro En el Tren, de Federico González Frías, presentamos algunas imágenes de los ensayos, acompañadas de ciertos comentarios que realizan los personajes de la pieza teatral.


Enrique: (...) Vengan, muchachos, vengan; a todos nos marginan; yo soy un automarginado que se salió del juego para que no lo marginaran. ¡Qué difíciles son las cosas, llevar el disfraz prestado y el natural a cuestas! ¿Cual es uno y cual es el otro? ¡Díganmelo muchachos! Cuéntenme la parajoda! (...)




Max: Queremos tocar lo inasible. ¿Cómo podemos ser individuos tan descompuestos?
Pausanias: Es la ignorancia.
Minnie: Y el no poder aceptarla pues hay que seguir creyendo en el juego del tira y afloja, en el permanente ir y venir, entre el uno y lo otro.
Jovita: ¡Pero que no nos vaya a fallar el tren! Por lo menos es algo concreto.




Julia: ¿No será verdad que uno no escoge su futuro, sino que es él quien nos selecciona a todos? ¿No estaremos condicionados por el futuro?




Instructora: Y como dice Platón en el Banquete: "A continuación -siguió contándome Aristodemo-, después que Sócrates se hubo reclinado y comieron él y los demás, hicieron libaciones y, tras haber cantado a la divinidad y haber hecho las otras cosas de costumbre, se dedicaron a la bebida."





Instructora: Muy bien, queridos amigos, recordemos que la anarquía es orden.
Enrique: ¡Salud!
Marta: ¡Salud y alegría!
Pausanias: ¡Salud y alegría hasta el fin!
Mecha: Decimos salud e ingerimos veneno, en eso consiste la gracia, en hundirnos muy contentos.




Enrique: Encontré a una familia que estaba en un parque público que me preguntaba cómo hacía para ir a otra parte.
-¿Qué?, les dije sorprendido.
(Teatraliza Enrique poniendo la voz de unos y otros.)
-Estamos hastiados y queremos salir de aquí, me respondió una joven bastante bonita.
-¿Qué?, volví a inquirir. Y agregué: ¿Y a dónde quieren ir?
-No sabemos.
-Lo que pasa es que estamos en conflicto.
-Estamos discutiendo entre todos a ver cómo es la cosa porque... ¿esto es la vida?
-La vida no puede ser esto.
-¿Es sólo esto o es un ensayo?
-¿No hay otro escenario?
-¿Dónde está el lugar a donde debemos ir?
-¿A qué hora pasan la película verdadera?
-Queremos ir allí.
-¿Pero dónde está, dónde la pasan?
-¿Es verdad que no hay otros escenarios, que la vida es sólo esto?
-¡Tiene que haber algo mejor!, se le oía decir al esposo.
-Esto es siempre igual, se consume a sí mismo, decía la esposa con un tono bajo, además culpable.
-¿No habrá algo diferente?, musitaba uno de los hijos.




Mecha: ¿Pero dónde estoy? Estaba metida en un sueño extraordinario, ¡que íbamos todos en un vagón del ferrocarril, y que éramos pasajeros en tránsito!
Max: Tremenda tontera. Es como preguntarse ¿quien soy?
Enrique: Aquí estamos para ser nosotros mismos.




Minnie: No vamos a ningún lado, sólo nos movemos a toda velocidad. De hecho estamos en las venas y arterias de un hombre gigantesco. Es más, nos transformamos constantemente para poder navegar en sus fluidos y correr la suerte de ellos.




Pausanias: (...) Todas las cosas toman formas aparentes pero en ellas se ocultan significados auténticos.
Alberto: Sí, apoyo totalmente esto último que has dicho y esos significados son los que debemos leer. De hecho estamos siguiendo esta enseñanza precisamente para ello.
Josefina: Debemos practicar constantemente, permanentemente alertas para desentrañar el significado de los símbolos.




Max: Aquí lo que no parece tenerse en cuenta es que mientras está uno perdiendo personalizando, comparando y creyendo en lo que nos dice el mundo, y a la vez por envidia y resentimiento nos ocupamos de la maledicencia, víctimas de los vicios de la ignorancia y la tontera, nos olvidamos de que todo lo que sucede en el gran escenario del mundo es autosugestión.
Instructora: Sí, lo que uno aprende en esta enseñanza encantándose a sí mismo, como quería transmitir Platón, es que este es un mundo inacabado de gestos, de voces, de colores, de formas en permanente movimiento, que se fijan perennemente por su descripción, o sea, por las perpetuas evaluaciones que de ellas hacemos, como si fueran un bosque de sonidos que intentamos inventariar y detallar, en fin, una niebla de sueños que están en el tuétano de nuestras creencias, o sea, que conforman nuestra materia.
Max: Por eso digo, querida instructora, que siendo todo autosugestión, ¿por qué es que no nos autosugestionamos bien, de una forma sabia, para salir de la autosugestión?




Pausanias: Vamos camino a la victoria. ¡Un brindis por el subcomandante!
Enrique: ¡Nos llama la Belleza! ¡Volvemos al Amor!
Max: No hay precio para la libertad.
Enrique: Apenas si conocemos nada, pero es lo suficiente.
Alberto: Un poco de atención señores o seremos...
Marta: No, nada de advertencias. Así puros y sin contaminarse regresamos a nuestros verdaderos hogares. Una vara desmedida de esperanza es lo que somos. Un retorno al palacio de la sabiduría, aquello que es imposible de contar, de medir o de pesar.
Alberto: Dejadme subir a la barca de vuestro aliento, al infinito día que está más allá del tiempo.
Enrique: No has estado lejos de nosotros jamás, mi querido Alberto.
Alberto: Gracias a Dios que es cóncavo y convexo.
Julia: Adorable situación en la que estamos. No veo la hora de llegar a nuestros feudos, de escalar la montaña mágica, de proyectar la sombra de nuestro cosmos.




Instructora: Vamos muchachos, tranquilícense un poco que quiero hablar nuevamente con el Subcomandante. Son las 12 en punto; a las 12.30 llegamos. Está confirmado. ¿Que no puede ponerse al teléfono pues dice que todas han sido grabaciones? ¿Que no van a venir a recibirnos? ¿Que tomemos cada uno un taxi hacia nuestros domicilios? Pero si llegamos a nuestro destino victoriosos ¿cómo no va a haber bandas de música y gente que nos aguarde? ¿Cómo, ni siquiera va a estar el Subcomandante? ¿Cómo dice? ¿Que todo esto ha sido programado? ¿Que somos un programa de computadora? No lo entiendo. No lo puedo entender. ¿Que hemos seguido un curso informático en tres dimensiones? ¿Que todo esto ha sido preparado al milímetro? ¿Y el Subcomandante es el que hizo el holograma que nosotros teatralizamos? ¿Y no hay reclamos? ¿Me dice que en verdad esta es la única manera de zafarse de la programación? ¿De desconectar con ustedes y recuperar la libertad perdida? Espere, espere, no corte... Vaya fiasco, resultó todo esto una programación de infrarrojos. Sólo era un programa de computación. Y el Subcomandante, como yo, ya cumplió con su función.




Minnie: "Somos una pompa de jabón,
que gira y gira, y rueda sin cesar,
teniendo como base el puro azar,
pero de la Inteligencia Universal."
Pausanias: "Rueda, rueda que te rueda, rueda,
el mundo, rueda que te rueda,
aunque cada día es diferente,
pues todo es cambio y movilidad."
Instructora: "Somos una pompa de jabón
entre pompas y pompas de jabón
y todo es una pompa de jabón."
Enrique: Y vamos en caída libre. Sin olvidar que un objeto que cae desde una altura lo hace con proporción geométrica, es decir que se va agregando la velocidad como los intereses en el banco, o sea... ¡Que estamos muy cerca del suelooo...!
(Plaf, golpe "fortísimo" de platillos, se apagan las luces.)