Como director y fundador de la Colegiata Marsilio Ficino y de la revista Symbolos y su anillo telemático, quiero presentar este nuestro blog oficial de la Colegiata, que esperamos sea ágil y dinámico pese a la profundidad del pensamiento que le es inherente. Lo hacemos también con el Teatro de la Memoria, una nueva manera de percibir lo ilusorio y la ficción que uno puede vivir trabajando en el laboratorio de su alma e intelecto, lo cual es una novedad ya presentida en el tratamiento de la cosmovisión y su representación teatral. Por lo que deseo a esta forma de expresión del Arte –que sin embargo tiene precedentes ilustres– la mejor de las andaduras y el mayor éxito.
Federico González

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miércoles, 21 de mayo de 2014

Hermes renace en Barcelona




Subasta-espectáculo.
El viernes 23 de mayo a las 20.00 horas.
Sala González Frías del CES de Barcelona.
C/aNNA Piferrer 16, escalera D, local (Metro: L3 Penitents).

lunes, 28 de octubre de 2013

Desde el Útero del Cosmos

Representación de la obra “En el Útero del Cosmos” de Federico González Frías, los días 25, 26 y 27 de octubre de 2013 en el Teatro de Cámara de la Colegiata. 


Sin duda ésta fue la coronación de un fin de ciclo memorable, abriéndose uno nuevo simultáneamente del que nada se sabe, salvo que se trata de realizar un viaje, que es arquetípico, tomando como soporte el Conocimiento.

Así que nuevamente la Colegiata asistió a su propio parto, cómodamente ubicada en la butaca del centro, en el Útero del Cosmos, mientras el público presente se sumó al acto y la teúrgia se hizo, como siempre, “ayudados por ciertos ritos mágicos y muchísima paciencia”.

De este modo se realizó “el rito de la iniciación cósmica, ese proceso efectivo y real, (...) la dramatización vivencial del misterio”.

Y aquí no ha pasado nada, se oyó decir al apagarse la luz del escenario, una vez desmontado el decorado y retirados los elementos de utilería.

Ahora, como dice Miranda al finalizar la obra,

(...) tot és molt més misteriós i senzill i semblant a la vida quotidiana. Hom cauria en la temptació de pensar que no passa res, si allò no fos sempre present donant realitat a tot el que existeix. Aquest és un estat més subtil on no hi ha novetat perquè en la renovació perpètua no hi ha novetat possible. On la consciència no distingeix gaire entre una cosa i l'altra i on res no s'ha perdut, ni s’ha de trobar, perquè així ha estat des de sempre.



viernes, 5 de abril de 2013

DICCIONARIO DE SIMBOLOS Y TEMAS MISTERIOSOS Federico González Frías,






Esta obra tiene en sí el poder de ordenarse en un trenzado de voces, pudiendo cada uno hacer el suyo propio. ¡El autor, sin pretenderlo, con este Diccionario, ha escrito un libro para cada uno de sus lectores! Un cubo mágico que recibimos conscientes de que se nos brinda una tabla de salvación, un hilo de Ariadna capaz de llevarnos al Centro.
Hoy hemos recibido nuestro ejemplar de este Tesoro, sin ninguna duda podemos decir que es un objeto de poder. Y, recordando a Campanella: “Bienaventurado aquel que lee en este libro y aprende de él lo que las cosas son”

“(…) la comunidad de los rosacruces no está, al igual que la ciudad celeste, en ninguna parte sino que es el lugar de reunión de todos aquellos que han alcanzado un nivel espiritual determinado que los hace conocerla, y por lo tanto ser uno con ella, al punto de ser los habitantes de esa Utopía, lo que indica sin duda una genealogía espiritual; una vinculación con una cadena que incluye también a los antepasados míticos.[1]


Si durante el día el sol nos orienta y por él sabemos dónde está el Norte, en la noche -que es donde se encuentra el mundo en esta fase del Kali Yuga-, sin la Estrella Polar o la Cruz del Sur sería imposible la orientación; así es este Diccionario, una Polar capaz de mantenernos orientados en nuestro viaje de Retorno. Una brújula, que nos guía con solo abrirlo, instruyéndonos justo en aquello que necesitábamos saber, y aún más, adelantándose, sembrando semillas que florecerán, Dios mediante, a su debido tiempo.
Estamos de acuerdo con Francisco Ariza que, en su libro La Obra de Federico González. Simbolismo, Literatura, Metafísica[2], dice que este libro es la coronación de su obra. Pura Metafísica, escrito con un lenguaje cercano, tiene algo del desenfado de la novela y puede verse también como una pieza teatral, donde las diversas entradas son personajes que se interrelacionan unos con otros. Hace falta mucha maestría para poder romper todas las normas sin romperlas. Los textos sagrados son así. Inagotable fuente de luz y bendiciones.
Por otro lado, es un Diccionario escrito al dictado como recuerda Patricia Serdá, colaboradora de esta obra, en Miscelánea. Podríamos preguntarnos el porqué de estas entradas y no otras, tema del que habla el autor en la introducción, son tantas las voces posibles que tal vez siempre faltará alguna. Sin embargo se nos dice que habrá futuras ediciones corregidas y ampliadas. Esto se está haciendo ahora mismo, en el horno alquímico bulle la materia en constante transformación. Llevada el alma en viaje ascendente, más allá de cualquier atadura, está en contacto con la fuente, se nutre de la esencia que da vida al mundo. Leemos en la entrada Colegio Invisible: “lugar de instrucción no humano de donde los sabios, chamanes, magos y teúrgos extraen su ciencia y arte”.

“… téngase por seguro de que las personas enviadas y reunidas por Dios, los seres más sutiles de cada siglo son obra de la máquina del mundo, y ellos viven por encima de los demás en la más alta unidad y el mayor secreto.”[3]

Su estructura es circular, como señala el autor, una entrada lleva a otra y esta a una tercera y así se va penetrando en la comprensión de lo que se busca. Un collar de perlas que recogen un conocimiento íntegro del Cosmos y sus leyes, que asoma en cada una de ellas. Esto no es un puzzle al uso, esto es un puzzle en el que cada pieza contiene el puzzle completo. Asombroso juego de espejos, copa oracular, palabra viva, viento divino capaz de fecundar el alma.
La primera entrada a la que se nos dirige, ya en la introducción, es “surtido”, de la que no podemos dejar de citar esto:

“4. Cómo no vamos a ser nosotros mismos un surtido –si formamos parte de uno? Y todo lo que hay en ese surtido, es dual, pero el centro que lo ha emanado ha marcado a cada elemento con su sello, el del Centro, ¿puede haber mayor regalo que éste?"                                                                                                                            
Recibimos a este Hijo de la Sabiduría con estas palabras de Salomón:

“Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus manos. 12 Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuese su madre. 13 Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas 14 porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios recomendados por los dones que les trae la instrucción.”[4]

La sal, conjuntamente con el azufre y el mercurio conforman los tres principios alquímicos. Si nos detenemos, por un momento, en el mundo físico y observamos cómo se comporta este elemento, veremos, o mejor conoceremos no poco de su naturaleza. Por ejemplo se disuelve y difunde (desde luego la temperatura del líquido donde se pone es decisiva) a una velocidad, siempre sorprendente; en nada, todo el contenido de la olla, del caldero, del atanor está salado por igual. Solo Amor es capaz de obrar esta maravilla. Amor se disuelve entre todos los seres por igual, aunque unos le abren la puerta con más ganas que otros. Él elimina los obstáculos, allana el camino, une con una argamasa invisible y muy evidente a todas las criaturas entre sí.
Este Diccionario es como la sal, tamaña obra no es humana.
Gracias Federico por estar ahí.

"¿No sería delicioso poder vivir cada hora como si hubierais vivido la historia del mundo desde sus orígenes hasta nuestros días, y como si estuvierais destinados a seguir viviendo hasta su fin? ¿No sería maravilla habitar en un lugar tal que los pueblos que viven en las Indias, más allá del Ganges, no pudieran disimularos sus riquezas, ni los peruanos privaros de sus consejos? ¿No sería cosa deliciosa poder leer en un libro que os permita leer, comprender y retener el fruto nunca descubierto, todavía y para siempre por descubrir, de todos los libros que han existido y que están por venir y aparecer?" [5]

Mª Victoria Espín




[1] Federico González, Las Utopías Renacentistas, cap IV, “La Utopía de los Manifiestos Rosacruz.” Ed. Kier, Bs. As.
[2] En prensa.
[3] Manifiesto de la Fama Fraternitatis (Las Utopías Renacentistas, ibid.).
[4] Biblia de Jerusalén. Sabiduría, 7
[5] Fama Fraternitatis ( ibid.).


viernes, 10 de junio de 2011

Crónica de “En el Tren”

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Hace un año que Federico González nos presentó el libreto de “En el Tren”, y desde entonces que La Colegiata no ha parado de laborar con este extraordinario texto. Desde el primer ensayo su lenguaje ha venido a cumplir su cometido: que cada uno de nosotros realizara el viaje, no tanto horizontal (tras muchos vaivenes no parece que el tren pasara de Guadalajara) como vertical. Tras la primera frase en que se nos propone jugar a la confusión de lenguas, y cada uno desde su banco, nos disponemos a compartir un espacio del pensamiento cuya calidad de repente, pero paulatinamente, se amplia y concentra. Colgados del lenguaje nos dejamos llevar por aquella aparente confusión que inmediatamente se revelará impulsora del único espectáculo: se confirmará que “lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para que se obren los milagros de una sola cosa”, sin salir del centro inmutable ascenderemos y descenderemos sin tregua, de lo prosaico a lo sublime, de lo escatológico al enamoramiento de la Nada.
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Pero para extraer todas las posibilidades de esta partitura será necesario templar la caja de resonancia, y las mismas manos que la crearon tensarán los resortes para que llegue a emitir la vibración precisa. Para que el mensaje reverbere limpio a través de la voz de La Colegiata, se adecuará el tono y se acompasará el ritmo. Se conjugará la interioridad con la intensidad, el ardor y la contención, levedad y aplomo: el secreto de una alquimia fuerte y eficaz permanece en el corazón de cada uno de nosotros.

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Y llega el momento del estreno. Entre bambalinas una luz dorada rompe la oscuridad precósmica y alumbra un escenario, un vagón de tren; los alegres compases de The Trolley Song nos empujan decididos a nuestros asientos. Asistimos de nuevo a la construcción a través del lenguaje, cada límite, cada coagulación de un significado nos lanza a otro ámbito ya no paralelo sino superior, o directamente a lo ilimitado.

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Pero esta vez más que nunca estamos caminando en el puro precipicio, al borde del foso, sintiendo el pálpito de un público invisible pero muy presente. Los mundos se engarzan, la poesía nos traspasa y me doy cuenta de que hoy el entramado de los parlamentos y las réplicas se muestra bien distinto, en otro orden. No sé exactamente donde estoy pero no importa, como organismo vivo “En el Tren” sigue sin demora su trayecto. Hasta que de repente y ante la seria mirada de mi interlocutora el blanco ocupa por completo mi cabeza. Más que una escisión que me conecta con el eterno presente experimento su imagen invertida, una suerte de perpetua parálisis me atenaza. Algo en mi se ahoga y exhala: invoco a las Musas (las que en estas circunstancias suelen tomar prestada la voz del apuntador) y soy atendido. Prosigue vigoroso el orden anárquico y tras desenmascarar a la ignorancia, y ser arrinconada, neutralizada por la indiferencia, el vagón sublima su fulgor, las notas agudizan su nitidez. La presencia de Eros y Venus sobre el escenario se intuye en la geometría que dibuja el inestable equilibrio entre todos los personajes, los actores, los cuales ya han realizado que la belleza está en todo y también en cada parte, en “la vara desmedida de esperanza” que somos, y en “el color del ave empalidecido por el deceso”.

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Y esta certeza les seguirá impregnando días después de la representación, después del golpe fortissimo de platillos. Al llevar la belleza puesta, seguirán viéndola en cada rincón, ya nada es banal ni absurdo ni tampoco sórdido, cada parte es el todo, cada ángulo realiza la tensión indispensable a la armonía del conjunto, cada aspecto al no estar separado de aquello que lo genera, reproduce ya sea por presencia o ausencia, en positivo o en negativo, a la Unidad. “De la que nada ni nadie queda excluido”.


Antoni Guri
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viernes, 3 de junio de 2011

Poco antes del estreno de

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EN EL TREN

Escrita y dirigida por Federico González


Interpretada por La Colegiata


Cotxeres Borrell (C/Viladomat 2-8, Barcelona)


Domingo, 5 de junio de 2011 a las 19h


Nos llega este texto de M. Victoria Espín que publicamos sin demora:


El Teatro, es un arte vinculado especialmente a dos de las nueve musas: Melpómene, a la que se relaciona con la Tragedia y Thalía, ligada a la Comedia. Sobre la primera, leemos en Introducción a la Ciencia Sagrada: “la que canta ‘lo que merece ser cantado’, representada con la máscara trágica y la maza de Hércules”. Acerca de la segunda: ’la que trae flores, o ‘la que florece’, nombre también de una de las tres gracias, representada con la máscara de la comedia y el bastón de pastor.” La representación teatral, símbolo por excelencia de la vida del hombre, en el viaje iniciático puede ser perfectamente vehículo, como por otro lado todo arte lo es, para el Conocimiento.
Sumergido el actor en la obra, actúa unos papeles de los que participa, y esa actuación puede ser verdaderamente la actualización de tendencias que porta en sí, por tanto, la posibilidad de agotarlas y liberarse de ellas; cayendo esos egos como lo hacen los dos personajes del arcano del Tarot Nº XVI “La Torre de destrucción” o “Casa de Dios”, que representa el athanor donde se lleva a cabo la obra. Dicho de otro modo, el actor encarna un personaje que le ayuda a transmutar el suyo propio que lo contiene, con lo cual podrá florecer el niño alquímico, el niño divino que tiene a su disposición un elenco de actores y papeles en número indefinido.

“La iniciación en los misterios cosmogónicos, es decir, el morir y renacer a otros planos de la realidad mediante la regeneración psíquica, no es aún la salida verdadera del cosmos, sino que se trata de un aprendizaje imprescindible sobre su constitución, sobre el "espíritu" de las cosas y su aprehensión. Un andamiaje que nos permite concebir la posibilidad de lo supracósmico, del no ser y de la no dualidad, realidades que exceden la mera individualidad que signa nuestras experiencias sensoriales o mentales, en tanto que las particulariza. Aunque es útil señalar que –lógicamente– cuando se empieza apenas a atisbar la posibilidad de lo supraindividual, todo lo referido a lo personal cae tan estruendosamente como una torre que es destruida por un rayo, dejando así de ser la protagonista del paisaje.”
[1]

Una compañía de teatro, como la Colegiata, puede dar cabida perfectamente al mundo entero, o lo que es lo mismo convertirse o devenir para sus miembros en plataforma de universalización o cosmización. Autor, director, actores, apuntador, iluminación, vestuario, producción, todos a una ponen en marcha la función. En este caso “En el Tren”.
La puesta en escena de esta obra recuerda las tres columnas del Arbol de la Vida, símbolo del microcosmos, que nos muestra cuál es la estructura de éste y su ser. Esta flor fragante, el microcosmos, bella, luminosa, espléndida, suave y con muchas espinas, sufre la presión continua de la programación mental con que cada uno ha sido sellado. Según la cual vamos fabricando un film que desfila casi de continuo en nuestra imaginación y pensamientos, los que sumándose a esa película discuten, planean, rechazan o buscan cualquier cosa en esa cinta del tiempo en que el ser está atrapado. “Es un sueño la vida, es sueño”, “no es verdad, no es verdad, que venimos a vivir en la tierra…” O como dice la pieza que estamos reseñando “Somos una pompa de jabón entre pompas y pompas de jabón y todo es una pompa de jabón”.
“En el Tren” nos habla de un viaje prototípico, aquel que emprende el hombre en busca del Paraíso perdido, de la Tierra Prometida, del Sí Mismo. Presenta a un grupo de estudiantes “particulares”, a unos buscadores de otros mundos más internos, más secretos y por cierto más reales. Van conversando, y la plática transcurre con sus altos y bajos, con la participación más o menos intensa de los pasajeros del vagón número seis. el vagón de la Belleza, de la Amistad grupal.
El viajero de este tren, para comenzar ha de automarginarse del mundo chato y horizontal de la literalidad, constatar que lo que el hombre considera su identidad no es sino un disfraz, una máscara con la que representa un papel, o varios, en el teatro de la vida; hasta poder decir con uno de estos viajeros “Mejor ser nada que nunca jamás”. Siguen las reflexiones en torno al tema de la mal entendida igualdad, esa que nos hace pobres a todos, pues ya se sabe que la que persigue el mundo moderno sólo es posible por lo bajo. Otro pregunta si el viaje es de ida o de vuelta, alguien le contesta que es de ida y vuelta simultáneas, y que “la función comienza cuando usted llega”, “que la creación perennemente se está haciendo y siempre es”. De modo análogo al recorrido que están realizando estos actores del teatro de la Memoria que saben que el viaje es hacia el interior, “puesto que se trata de la intimidad del corazón, de nuestra alma”.
“Y aunque las cosas toman permanentemente formas cambiantes indican siempre la pertenencia a un mundo que les excede”. La manifestación se despliega en tres niveles sucesivos y cada uno de ellos tiene su origen en el anterior, y el primero de ellos, y con él todos los demás, en lo No manifestado.
Detienen nuestros personajes sus meditaciones y conocemos sus nombres: Alce Negro, Toro Sentado, Plata Pulida, Perro de Humo, Acto Fallido, Verde Esmeralda, entre otros. Prosiguen las reflexiones sobre el viaje y su simbólica. “Este es el quiebre de todos los paraísos infantiles que creíamos lo más cercano a la felicidad, a lo que imaginábamos como nuestra identidad”. “Es una cruda, comerse el steak tartar de los sueños de uno mismo, de todas sus proyecciones quebradas en mil pedazos, deshecho todo su juego de sombras… (silencio) y luces, falsas iluminaciones que proyectaban estos ideales muertos.”
No todos muestran la misma compresión del viaje y los diálogos ascienden y descienden, se perciben ritmos diferentes y la conversación toca distintos planos llevando al espectador a un baile consigo mismo que es reflejo o mejor el eco, que encuentran en él las voces de los actores que encarnando sus papeles son la voz de la Enseñanza unánime y primordial, que esta obra de teatro sintetiza en un lenguaje directo y actual para facilitar la comprensión del espectador. Federico González, siempre nos sorprende con nuevas formas de expresar el Mensaje para proseguir la labor de Enseñanza. Como se dice en la obra: “El anillo se debe mantener flexible y no solidificarse”.
En este viaje en lo invisible hacia “la frontera del silencio, del misterio” se trata de efectuar los ritos, de “manejarse entre un bosque de símbolos vivos y actuantes.” Para lo que hay que estar “loco de amor y de un frío desapego” y siempre recordar que “El encuentro con algo bueno y verdadero se lo hemos de agradecer al dios Hermes”.
Se dice que el viaje iniciático es heroico, pero ya se sabe que el héroe y el traidor son un mismo personaje y ambos han de actualizarse en uno para complementarse y neutralizarse. Uno de los actores representa al traidor, personaje que todos llevamos dentro, que intenta infiltrar la duda y sembrar la cizaña dentro del grupo; es aquel que no ve sentido a la Enseñanza porque, por lo que fuere, no es capaz de reconocerla. El amor por lo más alto une a estos viajeros que saben que tienen un proyecto en común, que el “lugar” al que se dirigen no es un lugar.
Las averías y detenciones están incluidas dando lugar a diversas reacciones que plasman los temores y deseos de los participantes. Y siguen los actores instruyendo al espectador: Minnie, habla de los innumerables peligros del mundo moderno; Mecha, afirma que somos pasajeros en tránsito; Enrique: “aquí estamos para ser nosotros mismos”; Marta: “De una cosa estoy segura, de que los últimos de este convoy seremos los primeros”. Desenganchados del hombre viejo, de lo profano, nos unimos a la Vida, aprendiendo a leer el verdadero sentido de las cosas, desentrañando el mensaje de los símbolos. “Debemos superar la queja y resolver cualquier circunstancia en la forma y modo bajo los que estas se presenten”. “Este es un mundo inacabado de gestos, de voces, de colores, de formas en permanente movimiento, que se fijan perennemente por su descripción, o sea, por las perpetuas evaluaciones que de ellas hacemos, como si fueran un bosque de sonidos que intentamos inventariar y detallar; en fin, una niebla de sueños que están en el tuétano de nuestras creencias, o sea, que conforman nuestra materia.”
Nuestro destino es el origen, “puros y sin contaminarse regresamos a nuestros verdaderos hogares. Una vara desmedida de esperanza es lo que somos. Un retorno al palacio de la sabiduría, aquello que es imposible de contar, de medir o de pesar.”
La creación no puede ser sin un origen y “necesariamente se ha de volver a ese origen virtual para desembarazarnos de la circunferencia.” “Dios me acaba de hablar y le he contestado con toda devoción: ‘Yo soy tú’”.
El Teatro nos brinda la posibilidad de despertar.



M. Victoria Espín


[1] Federico González, La Rueda, una imagen simbólica del Cosmos. Ed. Symbolos. pág. 202.

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lunes, 23 de febrero de 2009

Los Misterios de Eleusis

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Leemos en la Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha:

“...siendo Delfos el centro de toda Grecia, el ómphalos (ombligo), sostén de la unidad de los pueblos que la conformaban, mientras que Eleusis y otros santuarios análogos eran su corazón, como depositarios y transmisores de los Misterios, en los que se hallan también los orígenes sagrados del teatro, pues ellos constituían la representación de las hazañas de los dioses y los hombres en el cumplimiento de aquél destino que tiene por modelo la consecución de la plenitud que corresponde a su Identidad Suprema. Son los misterios de Dionisos-Baco, vinculados con los Órficos, anteriores, y traducidos posteriormente en la epopeya del alma del hombre y del mundo recreada en los de Eleusis.”

Poco ha llegado hasta nosotros referente a los Misterios eleusinos, salvo que en ellos se ritualizaba el relato mítico de Deméter y su hija Perséfone, la cual es raptada mientras recoge flores en la pradera, arrebatada por el dios Hades al inframundo, reino al que Deméter acudirá en su búsqueda y para lo que contará con la ayuda del dios Hermes, guía irremplazable en tales tránsitos. Se trata pues de la dramatización de un descenso a los infiernos análogo al descenso de Orfeo tras su amada Eurídice y análogo al viaje iniciático, arquetípico, que describe la imprescindible muerte, anterior al nacimiento del hombre nuevo.

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No es otro el origen, la esencia del teatro. ¿Cómo serían esos Misterios? se preguntan los estudiosos, se pregunta uno mismo. El lastre de la imaginería convencional y común posiblemente nos embota con solemnes movimientos de túnica, y unas envaradas recitaciones “trascendentales”. Si conseguimos desprendernos de estas imágenes -producto tal vez de algún centro dramático de raigambre-, nos daremos cuenta de que dramatizar el verdadero y total desapego tiene que ver con experimentar la certeza de que no hay salvación para lo dual, para lo particular. Éste es el descenso a los infiernos, el despojamiento sin contrapartida, nada que ver con la autocompasión que secretamente se complace emocionando al espectador interno y al externo. Atravesando la auténtica soledad del “más negro de los negros”, quedan abolidas las máscaras, incluso la que puede llegar a constituir un lenguaje correctamente aprendido.

Mientras tanto aseguran prestigiosos investigadores que el poder iniciático de los misterios eleusinos procedía de la ingesta del kykeon, un agente “psicoactivo” o “psicodélico” responsable de la visión de ciertos estados espirituales, pero por el momento los análisis sobre esta cebada parasitada por el hongo cornezuelo, no arrojan todavía resultados concluyentes que certifiquen la efectividad de los misterios...

Por nuestra parte no ponemos en duda que al igual que en otras tradiciones estos ritos se ayudaran de ciertas drogas, pero acreditar sólo en ellas sería olvidar el poder efectivo del rito, la catarsis que conlleva el símbolo en movimiento, la realización a través del Teatro.

A.G.

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Anunciamos que en breve podrá visualizarse en youtube la obra teatral En el Útero del Cosmos de Federico González, en varios fragmentos a través de links desde este mismo blog.